La robótica más moderna

En estas fechas en las que se habla tanto del regreso al futuro de Marty McFly, son inevitables las comparaciones entre la película y la situación actual de las innovaciones que se predijeron en aquella película. En 2015 los coches no vuelan, ni los monopatines, ni hay pizzas de 10 centímetros que se convierten en pizzas familiares. Hay otras que sí han llegado o están a punto de llegar, como la identificación por huella dactilar para abrir puertas o pagar, o la ropa que se ajusta y se seca sola. Nosotros nos queremos detener en una en concreto: los robots que ayudan a la vida doméstica.

Los drones que pasean perros no están todavía al alcance de la mayoría, pero sí que tenemos robots de los que limpian la casa. Los mini-robots aspiradora ya forman parte de la electrónica de consumo, ya sean los que barren el suelo como los que aspiran las piscinas bajo el agua. Pero la innovación va más allá. Las necesidades de las personas está haciendo que las empresas de ingeniería electrónica desarrollen tecnología cada vez más potente que solucionen los problemas cotidianos, que ayuden, que faciliten el trabajo del día a día. Es el caso de los robots con capacidad para montar muebles de Ikea. Parece una frivolidad, y lo es. Y sin embargo no. Montar un mueble de ikea es lo más parecido a algo cotidiano realmente mecánico. Por tanto, cabe pensar que un robot con las correspondientes instrucciones introducidas en su software debe ser capaz de unir una pieza de otra. La dificultad estriba en saber qué pieza tiene en un lado, qué pieza tiene en el otro, y qué movimiento debe hacer para ensamblarla, así como la presión adecuada que debe ejercer. Cuando se haya batido esa dificultad, el verdadero reto será hacer robots a los que no se les tenga que instruir sobre los objetos que le rodean, sino que sean capaces de reconocerlos, reconocer el entorno, y actuar en consecuencia. Será entonces cuando tengamos robots capacitados para ordenar una habitación.

Una de las innovaciones en robótica que está llamando la atención de la prensa y medios especializados es el Keecker, la versión RD-D2 de un home cinema. Este pequeño ser ahuevado con ruedas es capaz de moverse por la casa sin ayuda y sin chocarse con nada ni nadie, y estar donde se le requiera. Tiene un proyector de 1000 lumens para emitir vídeo a 720p, con una resolución de 1280×720 píxeles; una cámara panorámica para hacer foto y vídeo; unos altavoces con 360º surround; conectividad WiFi y Bluethooth; y aunque funciona con Android 5 puede ser manejado tanto desde un smartphone android, como de uno con iOS o incluso desde PC.

Pero si hay una robótica doméstica que se lleva la palma en cuanto a lo que una empresa de ingeniería puede hacer por la sociedad esa es, a día de hoy, Buddy, un robot de compañía que está a punto de llegar al mercado. Este muchachito, de la empresa francesa Blue Frog Robotics, está a punto de llegar a la electrónica de consumo con un currículum envidiable: gracias a su software de reconocimiento facial y de voz es capaz de encontrar a personas dentro de la casa, conversar con ellos, ayudar a los niños con los deberes, hacer una videollamada a la abuela, vigilar la casa… Podríamos decir que el Buddy será el primer mayordomo integrado con el internet de las cosas. Y su potencial no se queda sólo tras las puertas de Blue Frog Robotics. La intención de esta compañía es liberar el código para que empresas de ingeniería, como Sentecno, seamos capaces de añadir funcionalidades de interacción con entornos y acciones concretas: fusión con ERPs de empresas, entrega de paquetería, conteo de personas en acceso a recintos…